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"La IA es ultraeficiencia, hiperautomatización, pero no inteligencia"

Tecnologías como la sensórica, la fotónica, la robótica y la inteligencia artificial ya se emplean para la mejora de los procesos industriales.

Tecnologías como la sensórica, la fotónica, la robótica y la inteligencia artificial ya se emplean para la mejora de los procesos industriales. / Eurecat

¿La inteligencia artificial es una impostura semántica? La inteligencia es analógica y humana. Igual que lo es la estupidez. Forman una dualidad inseparable y son nuestro patrimonio: tontos y listos, somos un oxímoron. Aquí estamos, felices y tristes. IA es hiperautomatización. Ultraeficiencia. Pero no es inteligencia. Porque tampoco existe la estupidez digital.

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La inteligencia es meditada y sesuda, razonada, reflexiva, ponderada y juiciosa. Pero también es espontánea e improvisada. Y esto no se programa en un algoritmo. Gracias a los atrevidos, los desafiantes, los descerebrados, los insensatos y los curiosos. La locura razonable de los listos nos ha llevado hasta aquí. Nuestro presente, a golpe de aleatoriedad, casualidad y azar, se ha impuesto al proceso.

Uno toma consciencia de que la inconsciencia - o, para matizar, el acto inconsciente, irracional, primitivo y puramente intuitivo- es precisamente lo que nos hace humanos. El impulso más animal, instintivo es paradójicamente el que ha marcado nuestra evolución como seres, por encima del resto de especies. El salto al vacío, la decisión sin cálculo no caben en un algoritmo. La creatividad, el arte, el desafío son lo que nos hace vibrar, sin pautas. Lo genuino es fruto de salirse del guion.

El placer de hacer algo “porque sí”, porque sino te arrepientes. Quien, en el último segundo, decide tomar el sendero no planificado y explorar es quien regresa a casa con un descubrimiento y un avance. La aventura de vivir. Reivindiquemos la inconsciencia que sublima la vida, más bella, poética. Porque, de lo contrario, será sintética. Y, lo peor: sin ética.

Que lo extraordinario sea nuestro ordinario. Que la contradicción se imponga a veces a la lógica. Imaginemos desde la irresponsabilidad y la irreverencia: Más corazonadas, menos chips. La inconsciencia trasciende. Porque lo imprevisible emociona y nos hace brillar.

PD: La paradoja es que hablar sobre esto ahora era previsible.

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