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Carta de un lector: "Nuestro mundo se balancea al borde del abismo por la amenaza nuclear"

HIR020 HIROSHIMA (JAPON) 05 08 2015 - Foto facilitada por el Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima que muestra la explosion de la bomba atomica sobre Hiroshima  fotografiada por el Ejercito estadounidense el 6 de agosto de 1945  Japon recuerda este ano el 70 aniversario de la tragedia en la que fallecieron miles de personas en cuestion de segundos  A finales de 1945  ano en que cayo la bomba  un total de 140 000 personas habian muerto a causa de los efectos de la radiacion  EFE Hiroshima Peace Memorial Museum SOLO USO EDITORIAL FOTO CEDIDA

HIR020 HIROSHIMA (JAPON) 05 08 2015 - Foto facilitada por el Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima que muestra la explosion de la bomba atomica sobre Hiroshima fotografiada por el Ejercito estadounidense el 6 de agosto de 1945 Japon recuerda este ano el 70 aniversario de la tragedia en la que fallecieron miles de personas en cuestion de segundos A finales de 1945 ano en que cayo la bomba un total de 140 000 personas habian muerto a causa de los efectos de la radiacion EFE Hiroshima Peace Memorial Museum SOLO USO EDITORIAL FOTO CEDIDA / HIROSHIMA PEACE MEMORIAL MUSEUM

Habrá que repetirlo una y otra vez: hace 78 años, dos refulgentes pájaros de aluminio pulido (Enola Gay y Bock’s car) dejaron caer sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki sus apocalípticos huevos plateados, custodios del arcano de la fusión del átomo, desatando el mayor armagedón hasta entonces conocido. En cuestión de segundos, un espeluznante, cegador y devastador hongo nuclear anaranjado se dibujó contra el azul límpido del cielo y evaporó en la zona cero, a temperaturas solo alcanzadas en el interior del sol, la vida de centenares de personas cuyos negativos quedaron litografiados para la eternidad en los níveos muros de ambas ciudades que se mantuvieron en pie. Decenas de miles más murieron abrasadas y, con el devenir del tiempo, otras lo harían en lenta agonía. Niños, que ni siquiera eran imaginados en la mente de sus progenitores cuando se arrojaron las bombas, padecerían insufribles enfermedades y horrendas malformaciones durante su existencia, fruto de la radioactividad acumulada por sus padres.

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No hemos aprendido nada. Hoy nuestro mundo se balancea al borde del abismo y continúa siendo un inestable arsenal atómico ante la amenaza de una alocada hecatombe nuclear.

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