09 d’abr 2020

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Que nunca nos falte la risa

Aitana Robey

Que nunca nos falte la risa

ELISENDA PONS

Si algún día tengo hijos, no les negaré la gravedad de la situación que estamos viviendo estos días. Pero también les hablaré de que había gente bailando, cantando y aplaudiendo en los balcones. Les contaré que hubo jóvenes que organizaron grupos de voluntarios para hacerles la compra a personas mayores y de alto riesgo y cuidar a niños y personas dependientes. Que hubo cientos de personas que escribieron cartas anónimas de ánimo para que se las leyesen a los enfermos en los hospitales. Que psicólogos y otros profesionales ofrecían sus servicios 'on line' para ayudar a la gente a pasar la cuarentena de forma totalmente altruista.

Les explicaré que ellos están aquí por la labor que hicieron el personal de sanidad, los cajeros, los reponedores y todas aquellas personas que se encargaron de que el mundo siguiese girando cuando todos estábamos parados. Y que la raza humana demostró tener una sorprendente capacidad para hacer humor incluso en una situación que parecía apocalíptica. Que nunca nos falte la risa, por favor. Es curioso cómo un virus que nos ha encerrado en nuestras casas, aislándonos a unos de otros, nos ha unido más que nunca como humanidad. Y es que la oscuridad permite ver mucho mejor la intensidad con la que es capaz de brillar la luz.

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