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Mi experiencia de inmersión en la cultura china a partir de comer cacahuetes en bares
Una dona agafa un grapat de cacauets d’un munt apilat al Festival del Cacauet de Bangalore (Índia). / JAGADEESH NV (EFE)
Juan José Soriano
Desde hace unas décadas, es cotidiano ver como nuestras ciudades se van ampliando por la llegada de nuevas culturas, nuevos idiomas, nuevos migrantes que enriquecen nuestro pueblo y, estoy convencido, nos hacen mejores personas. En concreto, me estoy refiriendo a la llegada de ciudadanos chinos. Todos hemos visto como han ido abriendo negocios, bares, fruterías, bazares... Y, la verdad, están funcionando muy bien, sobre todo en las grandes urbes.
Entretots
Cada día tengo la costumbre de leer El Periódico, y mientras, me suelo beber una cerveza, U2, y justo ahí es cuando me viene una reflexión: en los bares chinos, la misma consumición es más económica que en un bar tradicional y, además, te ofrecen unas olivas, cortezas, patatas o cacahuetes.
¿Qué he ido haciendo durante estos dos últimos años? Sencillo. Probar el tentempié de dichos bares. Después de este inusual "test de producto", he llegado a la conclusión, seguramente incorrecta, de que, si no te conocen, no te ponen nada para picar; pero si eres asiduo y aprendes unas cuantas palabras en su idioma -difícil asignatura-, la cosa cambia y se te abren las puertas del picoteo. He de reconocer que, en ese tiempo, he disfrutado mucho al empollar unas 40 o 50 palabras en chino, cuestión que me ha ilustrado en una lengua que desconocía. Por ende, ahora puedo elegir entre un bar asiático u otro, porque sé que me van a ofrecer un pica pica y una amplia sonrisa por despedida.
Me fascinan los cacahuetes -puasan de pronuncia-, y no falla nunca: cuando pruebo un bar oriental nuevo, sólo por el hecho de soltar unas palabras en mandarín, sin conocerme de nada, bingo, un plato hasta arriba de ese manjar.
Lo aconsejo, no sólo por los cacahuetes, sino por la lección de sentirse como en casa. De hecho, si intentas aprender sus costumbres y empatizas con su forma de ver la vida, siempre serás bien recibido. Cuando he ido a otros países, como Holanda o Alemania, he utilizado la misma técnica, y me ha funcionado igual de bien: les dicho en su lengua un par de frases, y, en el ambiente, fluye un halo especial rodeado de una energía positiva.
Por último, me gustaría recomendarselo y animar a que lo hagan. Inténtenlo, por favor. Cuánto más aprendamos de otras civilizaciones, mejor nos entenderemos, más sabios seremos, más barreras absurdas romperemos, más problemas resolveremos en el mundo, y en mejores personas nos convertiremos.
Conclusión: ¡me mola los cacahuetes!
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