"En el cas de la Noelia, hem fracassat com a societat?"
Ignasi Martínez Sant Cugat del Vallès
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EFE
Marta Gómez
Qué maravilla eso de la tecnología, la digitalización y el progreso. Qué comodidad poder hacer tramites desde cualquier sitio en un solo clic. Bancos, administraciones, empresas y servicios esenciales se han pasado al online con la delicadeza de “un elefante en una cacharrería” al obviar a una generación que no ha crecido ni sabe nada de las nuevas tecnologías, los mayores.
Entretots
Se nos vende la transformación digital como progreso, un progreso en el que no todos tenemos cabida. “Si eres mayor, te ayudamos”, dicen ahora algunos bancos, mientras exigen realizar gestiones que hasta a los nativos digitales nos desesperan, porque hay que reconocer que a veces hay que “hacer un máster” para poder realizar ciertos trámites. Pedir una ayuda, una subvención, solicitar información o el simple hecho de leer una carta en un restaurante se ha convertido en todo un desafío para quienes nacieron en una época donde lo más tecnológico a lo que tenían acceso era la televisión, la radio o un teléfono fijo.
La generación que nos enseño a leer, a trabajar duro, a resistir guerras, crisis y transformaciones sociales, la que construyó la sociedad en la que vivimos y sostuvo las instituciones que hoy se olvidan de ellos, es la misma que se enfrenta a lo que podemos llamar: exclusión digital. Algunos tienen suerte, hijas, sobrinos, o esa simpática vecina que se apiada de ellos pero, ¿qué pasa con los que no tienen a nadie?
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