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"Cuando la ciudadanía no es escuchada tiene derecho a hacerse oír"

"Cuando la ciudadanía no es escuchada tiene derecho a hacerse oír"

David Zorrakino / Europa Press

Sorprende profundamente que, ante la situación actual, no exista una movilización social masiva en forma de huelga general en todo el Estado. La política parece atrapada en guerras ideológicas mientras su función esencial, que es gestionar, queda relegada a un segundo plano. Esta desconexión creciente entre ciudadanía e instituciones es, precisamente, la definición de la desafección política, y constituye un riesgo serio para la democracia.

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Estamos sufriendo un deterioro constante y acelerado de los servicios públicos: Rodalies sin servicio, una sanidad pública en proceso de liquidación silenciosa, los peores datos educativos de las últimas décadas, un sistema de pensiones cada vez más frágil, un coste de la vida disparado y una crisis inmobiliaria estructural. Todo ello, mientras la clase media se empobrece y la mayoría de contribuyentes pierde cualquier horizonte de estabilidad.

Frente a este panorama, el Gobierno y el conjunto de la clase política parecen no escuchar, no reaccionar o no querer asumir responsabilidades. La sensación es clara: gobiernan de espaldas a la ciudadanía, alimentando el desapego y la desconfianza en el sistema. Tal vez haya llegado el momento de hacerles ver que ninguno de ellos está a la altura del cargo que ocupa.

Recordarles que el poder emana de la sociedad y que cuando la ciudadanía no es escuchada tiene derecho a hacerse oír. Detener el país es la única forma de lograrlo. Paremos el país.

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