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"Periodismo es hacer preguntas"
Europa Press/Contacto/Aaron Schwartz - Pool via CN
David Alandete
Resulta un poco embarazoso tener que recordar esto a los lectores de EL PERIÓDICO en 2026, pero el trabajo de un periodista es preguntar, aunque las respuestas incomoden, molesten o no convengan a quien las recibe o a quienes preferirían que no se formularan nunca.
Entretots
Nunca he escrito una línea en este diario, en cuyas páginas publican profesionales a los que respeto mucho, pero me veo obligado a enviar esta columna en respuesta a un ataque gratuito, indigno y absurdo lanzado contra mí desde un reciente artículo de opinión. No entro aquí por gusto, ni por afán de polémica, sino por una razón más simple: porque hay falsedades que, cuando se imprimen con nombres y apellidos, exigen una rectificación pública.
Soy corresponsal en la Casa Blanca de 'ABC', la cadena COPE y Telemadrid. Antes fui director adjunto de 'El País', de donde salí junto a otros compañeros tras una purga instigada y alentada por el actual presidente del Gobierno, que llegó a desarrollar un sentido patrimonial de la línea editorial del diario y a exigir a un accionista, Telefónica, cambios en editoriales y en la dirección. Pero, en fin, una empresa privada tiene derecho a hacer lo que considere. Yo me vine a Washington, donde ya tenía experiencia, y aquí hago mi trabajo, que es informar de lo que ocurre en la Casa Blanca y preguntar también por mi país, España, cuando esta entra en el foco de la política exterior de Estados Unidos.
Desde que Donald Trump regresó al poder en enero de 2025, ha hablado en público de España en nueve ocasiones, siempre para criticar el gasto militar del país. De esas nueve veces, yo solo le he preguntado en tres. En las otras, la cuestión surgió en respuestas a la agencia EFE, en una entrevista telefónica con 'The New York Post' o por iniciativa propia del presidente durante comparecencias junto al presidente finlandés, el canciller alemán y el secretario general de la OTAN.
Sin embargo, el columnista Ernest Folch falta a la verdad al atribuirme en su columna «Alandete Productions» un papel central en esas referencias de Trump a España. Los hechos son los que son, y la hemeroteca los deja a la vista. Preguntar tres veces por España en más de un año de mandato no equivale a marcar la agenda de la Casa Blanca, ni a dirigir las palabras del presidente de Estados Unidos, ni a fabricar una estrategia política transatlántica.
Folch recoge además unas palabras de Trump que yo jamás provoqué ni arranqué. Una frase del presidente sobre que España es «un país de perdedores» no fue respuesta a una pregunta mía, sino una declaración hecha en una entrevista al 'Post'. También eso puede comprobarse sin dificultad. No estamos, por tanto, ante una discrepancia de interpretación, sino ante una deformación deliberada de hechos elementales.
Solo una visión muy desviada del periodismo, o muy ajena a sus principios más básicos, puede atribuir a una pregunta una intención política prefabricada. Yo no pregunto para reforzar ni para perjudicar a Pedro Sánchez. No pregunto para auxiliar a la oposición ni para servir al Gobierno. Pregunto para saber, para aclarar, para informar. Pregunto porque ese es mi oficio. Y cuando España aparece en medio de tensiones diplomáticas, comerciales, militares o estratégicas con Estados Unidos, mi obligación no es callar, sino preguntar.
Tristemente Folch no hace más que reproducir el relato del poder y de una campaña que ya me dedicaron desde el Ejecutivo. Un ministro, el de Transportes, llegó a llamarme antipatriota. La de Defensa sostuvo que en mis preguntas iban implícitas las respuestas. No encontré entonces solidaridad en estas páginas, sino más bien silencio, y ese silencio habría sido perfectamente aceptable de no haber llegado después este burdo ataque.
Porque peor que los ataques del poder es que haya periodistas dispuestos a ponerse de su lado y a hacerle el trabajo sucio, como ha ocurrido en estas páginas. Ya ocurrió con compañeros de medios hoy peligrosamente cercanos a este Gobierno, incluidos antiguos compañeros míos de 'El País', y veo ahora con estupor que sucede también en las páginas de EL PERIÓDICO. Escribir una tribuna no otorga patente de corso para la difamación. Y poner el nombre de alguien en un titular para desacreditarlo con falsedades no es opinión: es una forma de envilecer el periodismo.
Participacions delslectors
Por el derecho a emigrar
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