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"Educar no es solo preparar para ganar, también para atravesar la pérdida"

Aitana Bonmatí, abrazada a Mariona Caldentey, junto a sus compañeras de la selección española tras perder frente a Inglaterra la final de la pasada Eurocopa.

Aitana Bonmatí, abrazada a Mariona Caldentey, junto a sus compañeras de la selección española tras perder frente a Inglaterra la final de la pasada Eurocopa. / SEBASTIEN BOZON / Afp

Decían los estoicos que la pérdida es un recordatorio de la impermanencia, y que el dolor que deja no es sino la consecuencia de nuestra expectativa de posesión permanente. Sin embargo, ¿quién nos enseña a perder? A lo largo de la vida, la pérdida se manifiesta de múltiples formas: perdemos un primer partido; perdemos amistades cuando una relación se rompe; perdemos a familiares cuando la muerte irrumpe; e incluso, en determinados momentos, nos perdemos a nosotros mismos entre la incertidumbre y el desasosiego.

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La pérdida no es una excepción en la experiencia humana: es una constante. Pese a ello, este aprendizaje esencial sigue ausente de la educación tradicional. Se nos instruye para competir, para acumular logros, para planificar el futuro, pero rara vez se nos prepara para afrontar aquello que inevitablemente desaparecerá. Así, es la propia vida la que acaba erigiéndose en maestra, a menudo de manera abrupta, enseñándonos que perder también forma parte del camino.

Aprender a perder no es resignarse, sino ejercitar la fortaleza, la aceptación y la lucidez. Tal vez ha llegado el momento de reconocer que educar no es solo preparar para ganar, sino también ofrecer herramientas para atravesar la pérdida con dignidad y conciencia.

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