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El debate sobre la asignación de votos en las elecciones plebiscitarias del 27-S es espúrio. Es ridículo intentar sumar al 'sí' o restar del 'no' a opciones que son simplemente soberanistas o federalistas, y es ridículo también intentar hacer creer que el independentismo no ha crecido desde 2012 o desde el 9-N.

Yo abandonaría el debate numérico. Los independentistas que quieren la independencia incluso de forma unilateral han conseguido un muy buen resultado, el mejor de su historia, han demostrado mucha fuerza, pero no han ganado.

Si los independentistas que querían la independencia de forma unilateral no han ganado, lo lógico sería decir que han ganado el resto. Los “no independentistas”.

¿Pero han ganado los “no independentistas”?

A priori parece que sí, hay un 52% de votos que han ido a opciones que no quieren la independencia unilateral. Lo que ocurre es que “arrejuntados por el no” no es un proyecto, en clave plebiscitaria, simplemente son la negación del proyecto de independencia unilateral.

Enfrente de un proyecto independentista sistematizado, organizado y que tienen un plan para desplegarlo (discutible o no), no hay ningún otro proyecto. Además, es bastante difícil que se pueda vertebrar un proyecto alternativo con fuerza: hay quien propone contracción del estado autonómico como C’s y PP, una reforma ligera del estado autonómico del PSOE y el PSC, una opción federalista de ICV y Podemos y una opción soberanista de UDC. Difícilmente se puede dibujar una opción alternativa que esté más legitimada que la independencia unilateral.

Cierto es que el 48% no legitima una Declaración Unilateral de Independencia (DUI) pero sí les legitima para continuar su hoja de ruta que terminaría, según dicen los propios independentistas, en un referéndum de ratificación de todo el proceso en 18 meses.

Enfrente hay un enorme vacío de propuestas alternativas y la imposibilidad de una alianza con una propuesta coherente entre las posibles alternativas.

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A pesar las voces de la prensa internacional o de instituciones europeas, como el Consejo de Europa, y de algunos gobiernos europeos instando a la negociación de las partes, no parece que se esté dibujando un proyecto alternativo a la independencia unilateral.

Los independentistas van a seguir con su hoja de ruta que culmina con un referéndum final, los no independentistas ni tienen alternativas, ni parece que puedan hacer coincidir sus propias agendas y proyectos de reformas para hacer una alternativa, así que dudo que el 27-S se pueda presentar como una victoria de las opciones no independentistas.