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"Los turistas urbanos ya no se detienen, ahora acumulan"

Turistas en el centro de Barcelona en una imagen reciente.

Turistas en el centro de Barcelona en una imagen reciente. / MANU MITRU

Como estudiante de turismo, me permito analizar el fenómeno del turismo contemporáneo desde la perspectiva de la cultura 'light', donde conceptos como la levedad, la inmediatez y el espectáculo están redefiniendo la forma en que viajamos y experimentamos los destinos. Viajar ya no es desplazarse: es circular. No llegamos a los lugares, los atravesamos, como quien pasa el dedo por una pantalla. El turismo contemporáneo se ha vuelto ligero, casi etéreo: maletas minimalistas, experiencias instantáneas y destinos diseñados para ser consumidos en segundos de atención.

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Las ciudades, conscientes de ello, no compiten por su historia sino por su fotogenia. Se restauran fachadas, se iluminan rincones y se diseñan recorridos que no invitan a comprender, sino a capturar. La levedad se impone: menos profundidad, más impacto visual. Todo debe ser compartible, todo debe ser espectáculo. Pero en esa velocidad algo se diluye. El viajero ya no se detiene, acumula.

Los barrios se transforman en decorados y los habitantes en figurantes de una escena que no controlan. El turismo deja de ser encuentro para convertirse en circulación constante, en tránsito sin arraigo. Quizá ha llegado el momento de preguntarnos si queremos seguir viajando así. Tal vez el verdadero lujo, en esta cultura 'light', sea lo contrario: detenerse, observar, escuchar. Convertir el viaje en experiencia y no en escaparate. Porque un destino no debería medirse por cuántas veces se comparte, sino por cuánto logra permanecer en quien lo visita.

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