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"Antes era más fácil ser fan"

"Antes era más fácil ser fan"

CHARLES BAUS/CONTACTOPHOTO / Europa Press

Cada vez que un artista que me gusta anuncia una gira, siento la angustia en el pecho: empieza la guerra. Enciende diferentes portátiles, conéctate a diferentes VPNs, coordínate con tus amigas a través de una videollamada, para de hacer lo que estés haciendo, sea lo que sea. Tienes tres minutos para comprar una entrada a 400 euros en la zona de baja visibilidad en el Estadi Lluís Companys para ver a tu artista favorito dentro de un año y medio.

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Horrible experiencia, ¿verdad? Pero, para colmo, a este le tenemos que sumar los gastos de gestión de Ticketmaster y las largas colas virtuales de gente a la que, seguramente, ni le interesa el artista. Solo quiere comprar entradas para revenderlas o por FOMO ('Fear of Missing Out' o miedo a perderse algo). Qué daño ha hecho la presión de tener que asistir a Rosalía o Bad Bunny por miedo a no poder decir que yo estuve allí.

Tanto daño que ni montando un dispositivo profesional para comprar entradas ha sido imposible conseguirlas a un precio asequible para mi bolsillo. Ir a conciertos se está convirtiendo en un privilegio que muy pocos se pueden permitir. ¿La cultura no es para todos? Antes era más fácil ser fan.

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