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"El trabajo de las educadoras de 0 a 3 años sigue siendo invisible y poco reconocido"

Imagen de archivo de un niño jugando en una escuela infantil

Imagen de archivo de un niño jugando en una escuela infantil / Keira Burton

Mucho se habla de la importancia de la educación en la primera infancia. Los expertos coinciden en que los primeros años de vida son fundamentales para el desarrollo emocional, social y cognitivo de los niños y niñas. Sin embargo, la realidad cotidiana de muchas aulas de 0 a 3 años sigue siendo una gran desconocida. Trabajar en una escuela infantil significa acompañar procesos esenciales: los primeros vínculos fuera de la familia, los primeros pasos hacia la autonomía, las primeras relaciones con otros niños. Pero también significa responder, al mismo tiempo, a múltiples necesidades básicas de niños muy pequeños que todavía dependen completamente del adulto.

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En muchas aulas, una sola educadora debe atender a varios niños a la vez. Y la realidad del día a día no es ordenada ni previsible. Mientras cambias el pañal a un niño, otro tiene sueño y llora porque necesita estar acompañado. En ese mismo momento, otro tropieza y se cae. Otro se enfada y lanza un juguete. Otro necesita ayuda para sonarse la nariz o, simplemente, busca un abrazo. Todo sucede al mismo tiempo.

Esta simultaneidad forma parte natural del desarrollo infantil. Pero cuando una sola persona debe atender todas esas situaciones a la vez, la presión es enorme. No se trata de falta de vocación ni de compromiso profesional. Las educadoras de 0 a 3 trabajan con una implicación profunda, conscientes de la importancia de su labor. El problema es que hay momentos en los que humanamente es imposible llegar a todo.

La situación se vuelve todavía más complicada cuando falta una compañera y no hay sustitución o refuerzo. Entonces el peso del aula recae sobre quienes están presentes, que deben multiplicarse para garantizar la seguridad y el bienestar de todos los niños. Las educadoras del 0 a 3 no solo cuidan. Educan, observan, previenen, acompañan y sostienen momentos clave del desarrollo infantil. Sin embargo, su trabajo continúa siendo poco visible y, a menudo, poco reconocido.

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