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Solidaridad, un sentimiento que teníamos adormecido

Una nota solidaria en el ascensor de una comunidad de vecinos de València, el 18 de marzo.

Una nota solidaria en el ascensor de una comunidad de vecinos de València, el 18 de marzo. / MIGUEL LORENZO

En una guerra, tal y como la conocíamos hasta hace pocos días, arreciaba el instinto más individual de supervivencia y surgía un cargado odio entre congéneres. En la actual batalla contra un virus, en cambio, no existe odio y el espíritu de solidaridad ha desplazado al individualismo. 

La solidaridad individual y la colectiva han emergido precisamente cuando estamos confinados y aislados en nuestros hogares-fortaleza. Una amenaza de muerte, estimulada por la certeza de que gran parte de la humanidad está a la vez ante una misma e inesperada admonición colectiva, ha reflotado un sentimiento que teníamos adormecido.

Encomiable, mucho, el esfuerzo que muestra el personal sanitario y también otros muchos colectivos que en primera línea del frente están arriesgando sus vidas y dejándose la piel para ayudar a vencer al covid-19. El modo SOLIDARIDAD, en mayúsculas, ayudará a vencer esta primera batalla.

Pero otros poderosos valores deben también resurgir para la segunda parte de la contienda. La profunda recesión económica y muy posible crisis política deberán espolear la moral, la ética y la humanidad para escribirlas también en mayúsculas y permitir esquivar un dramático desplome social. Valores contra virus.

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