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"Una peligrosa justificación"

"Una peligrosa justificación"

La reciente intervención estadounidense en Venezuela, justificada mediante acusaciones de narcotráfico por tribunales propios, establece un precedente gravísimo. Ningún Estado puede invocar su jurisdicción interna para violar la soberanía de otro, detener a su jefe de Estado o usar la fuerza militar. Esta lógica, de aceptarse, legitimaría la anarquía internacional, donde cada potencia actuaría como juez y parte.

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La pasividad ante la inmunidad violada de Maduro contrasta con la tolerancia ante la desobediencia de Netanyahu a la orden de detención del Tribunal Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad. La selectividad geoestratégica —condenar a algunos líderes mientras se tolera a otros— desvela un doble rasero que erosiona la credibilidad del derecho internacional.

La comunidad internacional debe rechazar con voz unánime esta acción. No es legítimo destronar a un gobernante —por muy dictador y cuestionable que sea— mediante intervención militar basada en procesos judiciales domésticos de terceros estados. La UE debe liderar esta condena, recordando que el camino para resolver crisis políticas pasa por el diálogo, los mecanismos multilaterales y el respeto a la carta de la ONU.

La alternativa —un mundo donde las actuaciones unilaterales sustituyan al derecho— es inaceptable.

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