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"El mundo del fútbol está lleno de Florentinos: machistas y retrógrados"

"El mundo del fútbol está lleno de Florentinos: machistas y retrógrados"

Con la comparecencia de Florentino Pérez como cortina de humo ante el fracaso del proyecto del fútbol masculino madridista, de repente, parece que muchos han descubierto ahora que la entidad blanca arrastra una visión profundamente machista. El deporte tiene una enorme capacidad para transformar sociedades, educar generaciones y transmitir valores, y precisamente por eso preocupa tanto que algunas de las instituciones más poderosas sigan ancladas en mentalidades del pasado.

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Como si no hubiera sido suficiente impedir que el equipo femenino jugara unas semifinales de Champions en el estadio principal, recurriendo a excusas más propias del siglo XX que del XXI. Un club que cada vez representa menos la pluralidad y la modernidad de una ciudad abierta como Madrid. Pero Florentinos hay muchos. De hecho, abundan en el deporte.

Sabemos que este mundo no fue pensado para las mujeres y que todavía hoy persisten estructuras retrógradas: apenas un 20% de los cargos directivos están ocupados por mujeres, las deportistas cobran mucho menos y seguimos sin ver entrenadoras al frente de equipos masculinos de élite. Seguimos teniendo que justificar nuestro valor y pedir permiso para ocupar espacios que también nos pertenecen.

Y, sin embargo, resulta paradójico comprobar como el fútbol femenino -como el que practican las jugadoras del FC Barcelona- ofrece muchas veces un espectáculo más creativo, preciso y emocionante que muchos equipos masculinos. Mientras algunos juegan únicamente a ganar, aunque sea aburriendo, ellas compiten, emocionan y están a un paso de conquistar otra Champions.

Ellos ganan millones ofreciendo un fútbol gris; ellas generan admiración y continúan muy lejos de la misma presencia mediática y salarial. Y si bajamos a los clubs de barrio, la realidad tampoco cambia demasiado. mEstá claro que el deporte ya no depende solo de la fuerza física, como en la época romana. La pregunta es si nuestra mentalidad ha evolucionado.

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