"¡Enhorabuena, Trump! Eres un fenómeno"
Mario Nahra Sant Just Desvern
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David Zorrakino /Europa Press
Aran Vázquez
La pérdida necesita tiempo y espacio: para entender, digerir, llorar y acostumbrarse a la ausencia. Sin embargo, el duelo queda relegado a un segundo plano, convertido en un asunto que debe gestionarse en silencio, con discreción y, sobre todo, con eficiencia. El vacío se llena inmediatamente de trámites, firmas y gestiones; una burocracia que nos obliga a rehacernos a marchas forzadas y tomar decisiones con una rapidez que contradice todo lo que sentimos.
Entretots
La cultura de la inmediatez está presente, tanto en el ámbito administrativo como en el personal. Sentimos una presión asfixiante para recuperar la normalidad, resignándonos pensando que "tarde o temprano, esto tendrá que pasar". Comprimimos el duelo, lo aparcamos y tratamos de esconderlo para no incomodar. Ni siquiera la muerte es una excepción.
El duelo no entiende de plazos, pero parece que sus fases vienen dictadas por notarios, impuestos, funerarias y permisos laborales insuficientes. Es esta celeridad la que nos hace creer que sentir, llorar y detenernos es un lujo que no podemos permitirnos.
Participacions delslectors
Mario Nahra Sant Just Desvern
Fernando Guerrero Cornellà de Llobregat
Mésdebats
el problema de la vivenda