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Acabo de leer que Leticia Sabater se ha operado y vuelve a ser virgen. Enhorabuena, por decir algo. Porque, ¿gana con ello? No lo sé; en mis tiempos, uno de los mensajes que podíamos leer en la pared de la universidad era: La virginidad es una enfermedad, vacúnate. No podría, pues, asegurar si la simpar presentadora ha dado un paso adelante o su íntima novedad supone recular un paso, y perdonen el verbo. El oficio de remiendavirgos viene de antiguo y ya lo practicaban las celestinas, pero eran apaños mal hilvanados. No como ahora, que todo queda liso y sin pespuntes. Y el contador, a cero.

Hace unos días, otra noticia daba cuenta de que un médico italiano se plantea seriamente el trasplante de cabezas en humanos. Otro prodigio, como la desaparición de la mili, que me llega tarde. No me hubiera importado cambiar de cabeza cuando ésta, la autóctona, no supo sacarme de apuros en más de una ocasión. En todo caso, cabeza y virgo a estrenar son asombros. No corremos, volamos subidos a los portentos de este siglo.

El pasado domingo, por ejemplo, se reveló otro fenómeno hasta ahora inexistente en este país. En nuestra experiencia democrática de acudir a las urnas y valorar los resultados, no aparecían jamás los perdedores a la hora de la resaca. Todos los políticos ganaban y así lo explicaban públicamente. Pero eso es también historia: en esta ocasión, el pasmo de nuevo cuño es que hay damnificados; y, ciertamente, bien colmados de penitencias originadas por sus graves faltas.

Sí, aquí y ahora hay una buena ristra de perdedores. Embutidos en trajes de prepotencia y luciendo camisas de manga ancha ante el reclamo de la ética, se han dado un buen batacazo algunos de los protagonistas, o parientes próximos, de tanto titular sobre corrupción. De rebote por el hastío consumido, el binarcisismo ha hecho también aguas, y sus figuras ya saben a estas alturas que nadie está en disposición de comprar la eternidad, como creían después verse reflejados durante lustros como los más guapos del río. De hecho, parece hasta mentira que no se olieran algo de lo ocurrido. Avisos ha habido a manta. Claro que el tsunami se lleva por delante a todos, y algún justo pagará por los pecadores, pero es evidente que arranca una nueva etapa y está por ver cómo resulta.

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Porque ésa es otra. Las promesas de barrer bajo la alfombra, abrir las ventanas y orear las habitaciones son de agradecer, pero no pasarán la prueba del nueve si, al final, todo queda en nada y regresamos al cansino hábito de acumular más mierda. Aunque sea nueva mierda. Es una buena ocasión para demostrar que se pueden hacer cosas sin meter mano en la caja, sin defender a ultranza lo indefendible por ser del mismo partido… sin burlarse del ciudadano, sin esquilmar el país, sin limitar el patriotismo a engordar la propia cartera… ¿Serán capaces de cumplir los recién llegados?

Y lo más importante: ¿seremos los ciudadanos ganadores o perdedores después de este escrutinio? Comencemos a tomar nota