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"El callejón sin salida de Irán"

Los iraníes se reúnen en la Plaza de la Revolución para mostrar su apoyo al nuevo Líder Supremo, el Ayatolá Mojtaba Jomení, en Teherán, Irán,  el pasado 09 de marzo de 2026

Los iraníes se reúnen en la Plaza de la Revolución para mostrar su apoyo al nuevo Líder Supremo, el Ayatolá Mojtaba Jomení, en Teherán, Irán, el pasado 09 de marzo de 2026 / ABEDIN TAHERKENAREH / EFE

La suerte está echada. Donald Trump ha cruzado el punto de no retorno al despertar a una "bestia" con la que ya no se puede negociar bajo los códigos de la diplomacia tradicional. No estamos ante un "país normal", sino ante un régimen que ha demostrado no tener contemplaciones al masacrar a su propia población y que ejecuta diariamente a opositores para sostener su estructura de poder.

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Resulta evidente -aunque parezca pasar desapercibido para los negociadores internacionales- que Irán no se va a rendir. Para la teocracia de Teherán, la capitulación no es una opción política, sino un suicidio. Ceder significaría el fin del control absoluto de la mafia gobernante; cualquier muestra de debilidad desmoronaría el control que las milicias y los "iluminados" ejercen sobre un pueblo sometido mediante el terror.

Bajo esta premisa, existen tres pilares irrenunciables para el régimen: la soberanía nuclear. Jamás renunciarán al uranio ni a su procesamiento. El músculo militar. Su industria misilística es su seguro de vida. El control estratégico. Irán ha capitalizado la presión externa para fortalecer su dominio sobre el estrecho de Ormuz, convirtiéndolo en un arma de chantaje global.

Lamentablemente, el cambio de régimen solo parece posible si el pueblo iraní logra levantarse desde dentro, un proceso que requiere un tiempo que el calendario político de Trump no ofrece. Ante este escenario, la estrategia de "máxima presión" debe ser absoluta. Si el objetivo es el cambio, la vía es el aislamiento total y el golpe sistemático a su economía.

Sin embargo, hay que ser realistas: mientras el régimen sienta que su supervivencia depende de la exportación del caos, responderá con la misma moneda. Al final, el tablero nos deja ante una disyuntiva oscura y violenta: o se asfixia al monstruo hasta su colapso interno, o se acepta la aterradora alternativa que el propio régimen plantea: su supervivencia a cambio de la inestabilidad perpetua de la región o, en el peor de los casos, la desaparición de Israel.

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