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"Estado-nación y globalización"

"Estado-nación y globalización"

Gerd Altmann en Pixabay.

El Estado-nación está pasando por un cambio muy profundo en su forma de gobernar. No es solo un observador; se sirve de un conjunto de leyes, decretos, reglas y organismos que apoyan al capitalismo global.

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Es una estructura que pone los intereses del capital transnacional por delante del bienestar de las personas. En la práctica, la ciudadanía financia con sus impuestos las infraestructuras que permiten a las multinacionales operar y multiplicar sus ingresos. Es la lógica de siempre: se socializan los costes y la inversión, mientras que los beneficios se privatizan.

Este desequilibrio se vuelve crítico cuando el derecho comercial internacional pasa por encima de la soberanía popular. A través de tribunales arbitrales privados, una corporación puede demandar a un país si este aprueba, por ejemplo, leyes ambientales o de salud pública que amenacen sus expectativas de ganancia.

Aquí sale a la luz el clásico dilema geopolítico:

Hiperglobalización: Exige acatar las reglas de los mercados financieros, aunque eso implique recortar la democracia representativa.

Democracia en un mercado integrado: Termina por diluir la autoridad de los estados.

Hoy vemos un intento desesperado por recuperar el control. El regreso del nacionalismo económico, la pugna por recursos estratégicos y las políticas de reubicación industrial buscan devolverle poder al Estado.

Sin embargo, este deseo de autonomía choca de con la realidad: la dependencia de las cadenas globales de suministro y la superioridad de las Big Tech son límites muy concretos. No estamos presenciando el fin del comercio internacional, sino su reconfiguración.

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