"La enseñanza que nos dejó la crisis de Perejil"
Victoriano Sánchez La Palma de Cervelló
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GEORGI LICOVSKI / EFE
JORDI QUEROL PIERA
Al no sentirme nada bien a causa del abrumador calor en el que está sumergida Barcelona, me vi obligado a guardar un día de reposo en casa.
Entretots
Disfrutando de una temperatura ideal, encendí la televisión y, tras ver varias noticias, pude constatar que el mundo está dirigido por gobernantes impresentables. Las últimas declaraciones de Donald Trump sobre españoles e iraníees, así como las pistolas que el mandatario turco, Erdogan, regaló a sus colegas de la OTAN, son dos claros símbolos de las locuras que el mundo de la política está viviendo en estos momentos.
No obstante, y de ahí el título de esta carta, triste y aburrido como me encontraba, quise despedirme de la televisión viendo algo agradable. Cambié de canal y me trasladé a Wimbledon, donde seguí la semifinal entre Gauff y Muchova, una estadounidense y una checa. Mientras disfrutaba de un emocionante 'tie-break', también me recreé contemplando las instalaciones de aquel lugar tan especial. Su excelente arquitectura, armoniosamente integrada con el verde de sus jardines, el exquisito comportamiento de las jugadoras y del público y un largo etcétera me transmitieron la sensación de que existen otros mundos: ambientes capaces de poner de buen humor a cualquiera.
La política mundial, en general, y las actuaciones de Trump, en particular, constituyen un espectáculo desolador. Pero, al mismo tiempo, Wimbledon también existe. En pocas palabras: dos mundos completamente distintos.
Participacions delslectors
Victoriano Sánchez La Palma de Cervelló
Luis Fernando Crespo Las Rozas de Madrid (Madrid)
Mésdebats
el problema de la vivenda