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"Microplásticos en el Ártico y el Mediterráneo"

Microplásticos, de uno a cinco milímetros.

Microplásticos, de uno a cinco milímetros. / Marco Verch

Este verano, he navegado por el Ártico con la organización medioambiental íntegramente femenina eXXpedition. Nuestra misión en estas aguas remotas era investigar la presencia de microplásticos en uno de los entornos más vírgenes del planeta. El 12 de julio iniciamos la expedición en Ilulissat, en la bahía de Disko, donde enormes icebergs se desprenden de uno de los glaciares más activos del mundo. Durante una semana, navegamos por las aguas del Ártico en dirección al sur de Groenlandia, visitando las remotas comunidades de Qeqertarsuaq y Sisimiut, antes de llegar a la capital, Nuuk, el 19 de julio.

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Llevábamos a bordo una red manta de arrastre para recoger muestras en mar abierto y analizar si había presencia de microplásticos en estas. Es un choque de realidad enorme estar tomando estas muestras entre icebergs, ballenas que asoman la cola o focas que van sacando la cabeza a la superficie como para saludar, y encontrar microplásticos en ellas a simple vista.

En nuestras paradas en tierra, realizamos 45 transectos terrestres para evaluar la presencia de residuos, registrando 3.313 en total. A bordo llevábamos un espectrómetro FTIR para analizar microplásticos recogidos tanto en playas como en el mar e identificar su composición. Analizamos 280 muestras. Esperas que el Ártico sea una frontera intacta, pero la contaminación por plástico no entiende de fronteras.

Extraer microplásticos en nuestras muestras junto a los icebergs y ver la cantidad de residuos que están en un entorno tan próximo al mar es una advertencia directa de que los plásticos que se producen a miles de kilómetros están llegando a comunidades remotas y contaminando algunos de los entornos más intactos que quedan en el planeta. Y, en casa, la realidad es todavía más escalofriante.

A mi retorno, fui a la playa de Vilassar de Mar una tarde de agosto. No había habido temporal recientemente. No hacía mal tiempo. Era una tarde de sol y mucho calor como las muchas que hemos tenido este verano. Me fui a meter en el mar para refrescarme y observé una sopa de microplásticos haciéndose camino hacia la orilla. Cientos o miles de microplásticos de todos los tamaños y colores. Recogí algunos con un gambero de mi hijo para limpiar esa sopa de plásticos pero no dejaban de llegar más y más.

Al sentarme en la orilla a mirar la arena, me di cuenta de que era prácticamente imposible limpiar aquello. La arena ya no es una combinación de blanco, beige y marrón. Cada vez más, intercala fragmentos verdes, rojos, amarillos, azules, y todos los colores que puedas imaginar, plásticos de todo tipo. Si no podemos limpiar esa manta de microplásticos que ya se ha hecho con nuestros mares y playas, ¿qué podemos hacer? Apagar el grifo en la medida de lo posible, decir no al plástico, sobre todo el de un solo uso. Y si todos vamos reduciendo nuestro consumo, el impacto podría ser enorme.

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