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"Marruecos a medio hacer"

"Marruecos a medio hacer"

Los tiempos cambian, son mudables, y la paciencia es una capacidad imprescindible. El país que expulsa población es Marruecos, un lastre social y político para ellos, además, provoca una situación de desarraigo personal y social entre los ciudadanos que reventará contra el poder establecido que propició o consintió tanta desigualdad.

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Marruecos como Estado es un país muy joven (1956), se está haciendo, ha elegido para vertebrar su sociedad unas instituciones propias de una época previa a la democracia representativa, el Majzén, que significa almacén de impuestos del sultán. Suma al aparato estatal formal la oligarquía o el 'Estado profundo', constituyendo un sistema de poder informal en torno al Rey y su familia, con dependencias continuas y absolutas del exterior (Francia, Israel, EEUU, Rusia…, también de España) y contra los países inmediatos a su frontera (Argelia, Mauritania, Sáhara Occidental, y también contra España).

Desde aquí, como vecinos de una frontera tan joven, conviene tener manga ancha y cesiones politicas mínimas, dejar que se cuezan los acontecimientos en su propio jugo. La alauita es una monarquía poco funcional, fue hasta 1955 un sultanato y sigue imbuida de absolutismo político y trascendente. El rey es, todavía, 'Príncipe de los Creyentes', que exporta los problemas sociales nacionales e importa capital extranjero. Los inversores foráneos siempre persiguen sus propios intereses egoístas, y nadie en Rabat se preocupa de hacer soportable la asimetría social que necesariamente provoca el desarrollo económico, pujante desde principios del siglo XXI, pero dirigido por corporaciones trasnacionales, que por definición son depredadoras.

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